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Cuarenta son los núcleos de población que se dispersan por la zona y que antiguamente se denominaban alquerías. Debido a lo escarpado de los montes, la mayor parte de los pueblos se encuentran situados en el fondo de los valles y al borde de los ríos. Las poblaciones se agrupan, hoy, en 5 municipios: Caminomorisco y Pinofranqueado, que forman Las Hurdes Bajas; Nuñomoral, que fue la zona más inaccesible y entre cuyas alquerías se encuentran El Gasco, Fragosa, Martilandrán y Asegur; Casares de las Hurdes y Ladrillar, estos tres forman Las Hurdes Altas y producen unos barrancos casi verticales y de una belleza increíble.
Los valles que conforma la región son el Valle del Alagón, Valle del Ladrillar, Valle del Hurdano, Valle del Malvellido, Valle del Esperván y el Río de los Ángeles y del Ovejuela.
VALLE DEL ALAGÓN
Nuestro cuaderno de campo, como tal, ha de comenzar con las citas del primero de los grandes ríos que atañen a Las Hurdes y que es, ni más ni menos, que el Alagón, al que todos los demás tributan directa o indirectamente. Frontera natural entre tierras salmantinas y extremeñas en la zona nororiental de Las Hurdes, sus aguas nacen más al norte, en plena Sierra de Frades, junto a Frades de la Sierra y no lejos de Salamanca capital; ya en tierras extremeñas, es represado en el bello embalse de Gabriel y Galán, buscando después ciudades como Galisteo y Coria para ir a volcar sus aguas sobre el Tajo, en Alcántara.
Era inevitable comenzar nuestro viaje por Las Hurdes descubriendo el Alagón, pues junto a Riomalo de Abajo produce una de las imágenes más divulgadas de la zona, la de uno de sus meandros, conocido como el Melero. Sin embargo, antes de contemplar el Melero otros paisajes recabaron nuestra atención, empezando por la desembocadura del Ladrillar, sobre el Alagón, muy cerca de Riomalo de Abajo, y siguiendo por la orilla salmantina que, desde la pista del inicio de la ruta, permitía adivinar un despoblado, entre olivos, cuya fisonomía era la de una típica aldea hurdana, para ratificar lo cual las casas que quedan en pie son de pizarra y el nombre que recibe es el de Alquería Cabaloria. El Alagón se retuerce en esta zona de forma inverosímil, consiguiendo sus meandros, sobre todo el Melero, acaparar la atención del observador por la espectacularidad del paisaje. El río discurre unos kilómetros haciendo de frontera, estando ocupado el lado salmantino por un espacio protegido, Arca y Buitrera, que es prolongación del Parque Natural de las Batuecas. No es complicado avistar buitres negros sobrevolando el lugar, incluso ver ciervos junto a las pistas, al atardecer, que primero observan curiosos la causa de los ruidos que perturban el sereno ambiente y después huyen a la carrera.
Es fácil descender al curso del Alagón desde Riomalo de Abajo, tal y como hicimos por uno de los ramales que parten de la pista que marca el recorrido; de hecho existe una zona desde la que se puede alcanzar el río y dar un paseo en barca hacia el embalse de Gabriel y Galán y hacia Granadilla, un bellísimo lugar, casi aislado sobre el pantano, cuyas murallas han cerrado desde la Edad Media el conjunto, dejando fuera sólo puentes y tapias, hoy anegados por las aguas; la expropiación de las casas y el abandono estuvieron a punto de acabar con el lugar, cuyo deterioro finalizó con la declaración de Conjunto Histórico y con un programa de rehabilitación que aún sigue en marcha y que ha devuelto la fisonomía a las murallas, a su torre-castillo y a parte de sus calles y casas.
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VALLE DEL LADRILLAR
El río Ladrillar antiguamente era también conocido como Riomalo, de ahí el nombre de las poblaciones de su cabeza y de su desembocadura; la causa no es otra que el poder destructivo de la lluvia, que por la verticalidad de los montes, lo estrecho del valle y el sustrato de pizarra, convertía las aguas en torrentes que arrastraban todo lo que encontraban a su paso, incluidas las frágiles viviendas hurdanas.
El recorrido realizado tocó, como hemos dicho, la desembocadura, quizás el único tramo de su curso que se permite una cierta amplitud; el resto es típico de Las Hurdes Altas, estrecho y angosto. Riomalo de Abajo, como aldea, esconde en su interior restos de arquitectura hurdana, estrechas calles, corrales y casas de piedra, algunas encaladas. Aguas arriba, aparecen Rebollosa, administrativamente de Salamanca, y Las Mestas, a la que se asoma la ruta desde la zona superior; los caminos que circulan por la Sierra del Cordón, que cierra por el sur el curso, dan una idea de cómo es la tradicional vegetación hurdana, sobre todo por el brezo, el madroño y la jara, omnipresentes; de hecho, el nombre de Hurdes dicen provenir de urz o urce, otro nombre del brezo; a pesar de todo los pinares de repoblación son ahora los que ofrecen la imagen más extendida de la región. También el Ladrillar da a conocer una de las tradicionales actividades hurdanas, la producción de miel; hay miles de colmenas distribuidas por el territorio hurdano, así que no extraña saber que uno de los productos más conocidos, dentro y fuera del país, es el Ciripolen, una bebida que inventó un vecino de Las Mestas que está hecha de miel, polen y hierbas aromáticas hurdanas.
A la altura de Las Mestas el Ladrillar recibe el agua del río de Las Batuecas. Viendo el paisaje montaraz se puede llegar a entender que desde la aparición de la obra de Lope de Vega se consideraran Las Hurdes como parte de ese terreno desconocido de Las Batuecas, habitado por seres extraordinarios, aunque eso no explique el olvido al que fue sometida la región durante tanto tiempo.
A medida que se remonta el curso del Ladrillar el río se entretiene en charcas y pozas que, dicen, llevaban oro antiguamente; parece ser que los albercanos, dueños durante siglos de la región, bajaban a lavar las aguas del río mucho tiempo atrás; cierto es que existen en Las Hurdes los minados, bocaminas que indican una antigua explotación de minerales. Las alquerías, que se agrupan en el Ayuntamiento de Ladrillar, son Las Mestas, Cabezo y Riomalo de Arriba, ésta última una auténtica reliquia de etnografía hurdana que, afortunadamente, está siendo rehabilitada con criterios tradicionales. Riomalo de Arriba se encuentra hundida en un paisaje brutal, cercada por altas montañas y regada por las aguas del Ladrillar, que nace por encima de la alquería, bajo el Pico Espinal.
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