| Los Valles de Las Hurdes |
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Los valles que conforma la región son el Valle del Alagón, Valle del Ladrillar, Valle del Hurdano, Valle del Malvellido, Valle del Esperván y el Río de los Ángeles y del Ovejuela.
VALLE DEL ALAGÓNNuestro cuaderno de campo, como tal, ha de comenzar con las citas del primero de los grandes ríos que atañen a Las Hurdes y que es, ni más ni menos, que el Alagón, al que todos los demás tributan directa o indirectamente. Frontera natural entre tierras salmantinas y extremeñas en la zona nororiental de Las Hurdes, sus aguas nacen más al norte, en plena Sierra de Frades, junto a Frades de la Sierra y no lejos de Salamanca capital; ya en tierras extremeñas, es represado en el bello embalse de Gabriel y Galán, buscando después ciudades como Galisteo y Coria para ir a volcar sus aguas sobre el Tajo, en Alcántara.
Es fácil descender al curso del Alagón desde Riomalo de Abajo, tal y como hicimos por uno de los ramales que parten de la pista que marca el recorrido; de hecho existe una zona desde la que se puede alcanzar el río y dar un paseo en barca hacia el embalse de Gabriel y Galán y hacia Granadilla, un bellísimo lugar, casi aislado sobre el pantano, cuyas murallas han cerrado desde la Edad Media el conjunto, dejando fuera sólo puentes y tapias, hoy anegados por las aguas; la expropiación de las casas y el abandono estuvieron a punto de acabar con el lugar, cuyo deterioro finalizó con la declaración de Conjunto Histórico y con un programa de rehabilitación que aún sigue en marcha y que ha devuelto la fisonomía a las murallas, a su torre-castillo y a parte de sus calles y casas. VALLE DEL LADRILLAR
A la altura de Las Mestas el Ladrillar recibe el agua del río de Las Batuecas. Viendo el paisaje montaraz se puede llegar a entender que desde la aparición de la obra de Lope de Vega se consideraran Las Hurdes como parte de ese terreno desconocido de Las Batuecas, habitado por seres extraordinarios, aunque eso no explique el olvido al que fue sometida la región durante tanto tiempo. A medida que se remonta el curso del Ladrillar el río se entretiene en charcas y pozas que, dicen, llevaban oro antiguamente; parece ser que los albercanos, dueños durante siglos de la región, bajaban a lavar las aguas del río mucho tiempo atrás; cierto es que existen en Las Hurdes los minados, bocaminas que indican una antigua explotación de minerales. Las alquerías, que se agrupan en el Ayuntamiento de Ladrillar, son Las Mestas, Cabezo y Riomalo de Arriba, ésta última una auténtica reliquia de etnografía hurdana que, afortunadamente, está siendo rehabilitada con criterios tradicionales. Riomalo de Arriba se encuentra hundida en un paisaje brutal, cercada por altas montañas y regada por las aguas del Ladrillar, que nace por encima de la alquería, bajo el Pico Espinal. VALLE DEL HURDANO
El río Hurdano recibe, como dijimos, al Malvellido en Nuñomoral, cabeza de municipio, punto en el que el valle se abre brevemente. Resulta curioso saber que, a pesar de la forzada soledad que vivieron durante siglos Las Hurdes, no se desechó la región para desterrar a diversos políticos y para depositar a hijos no deseados, esto último a cambio de unas cuantas monedas quizás; no hace falta remontarse muy lejos en el tiempo para saber que Las Hurdes siguieron siendo, durante más de la mitad del siglo XX, un lugar al que enviar políticos y eclesiásticos no deseados. Desde Nuñomoral se accede a la Sierra del Cordón, como demuestra nuestra ruta, así como a la aldea de Aceitunilla; al frente, la Sierra de la Mula, o de la Múa, donde anida la cigüeña negra, y por debajo, La Batuequilla, uno de esos lugares mágicos que conservan Las Hurdes, pequeño, emitiendo todo el sabor de las alquerías tradicionales, incluso con las antiguas eras de trillar típicas de la zona. Aguas abajo está El Rubiaco, otra pequeña alquería de la que parte una pista que accede a La Horcajada, un conjunto etnográfico que, desgraciadamente, se viene abajo por el abandono. El río Hurdano sigue su descenso y llega a Vegas de Coria, cruce de caminos en medio de la carretera que cruza la región. Desde Vegas el curso busca la pequeña población de Arrolobos y uno de los brazos del embalse de Gabriel y Galán, donde desemboca. VALLE DEL MALVELLIDO
Tanto Martilandrán como Fragosa, cuyo gráfico nombre explica convenientemente la angosta fisonomía de esta tierra, son alquerías que descuelgan sus caseríos en vertical y que conservan antiguas casas de pizarra; sobre Fragosa se levanta el Cottolengo, institución benéfica que lleva el nombre de un santo italiano y que hizo, y sigue haciendo, una gran labor asistencial. El asfalto muere en El Gasco, un remoto lugar de calles increíblemente estrechas, retorcidas y con escalones para salvar desniveles, que están flanqueadas por casitas de pizarra, las mismas que hoy reproduce un artesano del lugar en miniatura. Dos lugares naturales son los que visitamos en la zona, el llamado Volcán del Gasco, en realidad un meteorito según los estudios realizados, que es el monte que se eleva frente a la aldea y del que los habitantes han extraído siempre piedra para fabricar ciertos objetos; el otro es el Chorro de la Miacera, quizás el salto de agua más conocido de Las Hurdes, al que se llega siguiendo el curso del Malvellido, una vez salvado éste, y por una senda que rodea el Volcán y se adentra entre canchales en el monte. El paraje es de gran belleza, pues el arroyo de la Miacera, o de la Meancera, se despeña desde casi cien metros de altura pulverizando el agua al caer sobre una poza y buscando entre saltos más pequeños el curso del Malvellido. VALLE DEL ESPERABÁNEl río Esperabán nace en el puerto del mismo nombre, desde el que se obtienen unas magníficas panorámicas de la Sierra de Gata y de la llanura de Ciudad Rodrigo hacia uno de los lados. Las aguas descienden rápidamente a Aldehuela, tan remota como muchas de las alquerías ya citadas; entre magníficos meandros el Esperabán sigue su camino hacia Las Erías y El Castillo, entre madroños, castaños, nogales y pinos. La aldea de Las Erías emite la impresión de haber estado amurallada, de lo que buena prueba es el arco de su entrada; por otro lado, es también una gráfica muestra de edificación hurdana por lo que a balcones corridos y pasadizos altos se refiere. Muchos son los grabados rupestres que se pueden ver en Las Hurdes, así como restos de castros celtas, de lo cual el Esperabán está bien surtido, como prueban los parajes de La Zambrana y del Tesito de los Cuchillos, próximos a El Castillo; muy cerca de El Castillo se encuentra también uno de los madroños más grandes de la región, convertido en árbol de varios metros de altura. Aguas abajo de El Castillo se encuentra la desviación a Horcajo. Merece la pena detener los pasos en este lugar, a lo que ayuda la ruta, ya que esta alquería conserva casitas tradicionales y calles estrechas, en las que disfrutar de la compañía de algún amable vecino y compartir el espacio con los animales domésticos tradicionales de Las Hurdes, como lo son las cabras y los burros; además, la aldea es el punto de partida para acceder, a pie y tras un corto paseo, al paraje en el que se encuentran Los Corrales del Moral. Tras callejear en dirección a la sierra, una tapia de pizarra flanquea una senda que asciende brevemente y que acompaña al río de Horcajo. Más allá se descubre un bello paraje, algo más abierto pero encerrado entre montes, en el que los habitantes de la alquería levantaron unas cuantas majadas con pizarra negra; el sitio emite toda la abrumadora belleza de los rincones naturales de Las Hurdes, además de una lección práctica de arquitectura tradicional. RÍO DE LOS ÁNGELES Y DEL OVEJUELA
El río de los Ángeles se desliza entre rocas, por parajes angostos, hacia una pequeña presa que retiene sus aguas antes de alcanzar la carretera de Ovejuela; sin embargo, previamente el río ha bañado los límites de las tierras que pertenecieron al antiguo Convento de los Ángeles, un cenobio franciscano del siglo XIII que tuvo gran influencia espiritual en la región y del que quedan en pie algunos restos, pues la Desamortización forzó su abandono. Muy cerca del convento, sobre el río de los Ángeles, queda en pie un bellísimo puente al que llegamos por una pista que también rodeaba el citado convento. No podemos dejar de hablar de un bello salto de agua que provoca el río de Ovejuela; para llegar a él hay que seguir la carretera hasta la población de Ovejuela y, a pie desde el cementerio, seguir una senda marcada con flechas blancas. Después de un paseo, la senda y el rocoso cauce se unen hasta que, de pronto, aparece una bella cascada que se desliza entre las paredes que cierran el espacio; las aguas saltan a una deliciosa poza y después buscan el descenso al valle. Dicho salto es conocido como el Chorrituero y es el origen del río. |



Cuarenta son los núcleos de población que se dispersan por la zona y que antiguamente se denominaban alquerías. Debido a lo escarpado de los montes, la mayor parte de los pueblos se encuentran situados en el fondo de los valles y al borde de los ríos. Las poblaciones se agrupan, hoy, en 5 municipios: Caminomorisco y Pinofranqueado, que forman Las Hurdes Bajas; Nuñomoral, que fue la zona más inaccesible y entre cuyas alquerías se encuentran El Gasco, Fragosa, Martilandrán y Asegur; Casares de las Hurdes y Ladrillar, estos tres forman Las Hurdes Altas y producen unos barrancos casi verticales y de una belleza increíble.
Era inevitable comenzar nuestro viaje por Las Hurdes descubriendo el Alagón, pues junto a Riomalo de Abajo produce una de las imágenes más divulgadas de la zona, la de uno de sus meandros, conocido como el Melero. Sin embargo, antes de contemplar el Melero otros paisajes recabaron nuestra atención, empezando por la desembocadura del Ladrillar, sobre el Alagón, muy cerca de Riomalo de Abajo, y siguiendo por la orilla salmantina que, desde la pista del inicio de la ruta, permitía adivinar un despoblado, entre olivos, cuya fisonomía era la de una típica aldea hurdana, para ratificar lo cual las casas que quedan en pie son de pizarra y el nombre que recibe es el de Alquería Cabaloria. El Alagón se retuerce en esta zona de forma inverosímil, consiguiendo sus meandros, sobre todo el Melero, acaparar la atención del observador por la espectacularidad del paisaje. El río discurre unos kilómetros haciendo de frontera, estando ocupado el lado salmantino por un espacio protegido, Arca y Buitrera, que es prolongación del Parque Natural de las Batuecas. No es complicado avistar buitres negros sobrevolando el lugar, incluso ver ciervos junto a las pistas, al atardecer, que primero observan curiosos la causa de los ruidos que perturban el sereno ambiente y después huyen a la carrera.