Saturday, 19 May 2012
Los Valles de Las Hurdes
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Los valles de Las HurdesCuarenta son los núcleos de población que se dispersan por la zona y que antiguamente se denominaban alquerías. Debido a lo escarpado de los montes, la mayor parte de los pueblos se encuentran situados en el fondo de los valles y al borde de los ríos. Las poblaciones se agrupan, hoy, en 5 municipios: Caminomorisco y Pinofranqueado, que forman Las Hurdes Bajas; Nuñomoral, que fue la zona más inaccesible y entre cuyas alquerías se encuentran El Gasco, Fragosa, Martilandrán y Asegur; Casares de las Hurdes y Ladrillar, estos tres forman Las Hurdes Altas y producen unos barrancos casi verticales y de una belleza increíble.

Los valles que conforma la región son el Valle del Alagón, Valle del Ladrillar, Valle del Hurdano, Valle del Malvellido, Valle del Esperván y el Río de los Ángeles y del Ovejuela.

 

VALLE DEL ALAGÓN

Nuestro cuaderno de campo, como tal, ha de comenzar con las citas del primero de los grandes ríos que atañen a Las Hurdes y que es, ni más ni menos, que el Alagón, al que todos los demás tributan directa o indirectamente. Frontera natural entre tierras salmantinas y extremeñas en la zona nororiental de Las Hurdes, sus aguas nacen más al norte, en plena Sierra de Frades, junto a Frades de la Sierra y no lejos de Salamanca capital; ya en tierras extremeñas, es represado en el bello embalse de Gabriel y Galán, buscando después ciudades como Galisteo y Coria para ir a volcar sus aguas sobre el Tajo, en Alcántara.

Meandro del Alagon Las Hurdes.Era inevitable comenzar nuestro viaje por Las Hurdes descubriendo el Alagón, pues junto a Riomalo de Abajo produce una de las imágenes más divulgadas de la zona, la de uno de sus meandros, conocido como el Melero. Sin embargo, antes de contemplar el Melero otros paisajes recabaron nuestra atención, empezando por la desembocadura del Ladrillar, sobre el Alagón, muy cerca de Riomalo de Abajo, y siguiendo por la orilla salmantina que, desde la pista del inicio de la ruta, permitía adivinar un despoblado, entre olivos, cuya fisonomía era la de una típica aldea hurdana, para ratificar lo cual las casas que quedan en pie son de pizarra y el nombre que recibe es el de Alquería Cabaloria. El Alagón se retuerce en esta zona de forma inverosímil, consiguiendo sus meandros, sobre todo el Melero, acaparar la atención del observador por la espectacularidad del paisaje. El río discurre unos kilómetros haciendo de frontera, estando ocupado el lado salmantino por un espacio protegido, Arca y Buitrera, que es prolongación del Parque Natural de las Batuecas. No es complicado avistar buitres negros sobrevolando el lugar, incluso ver ciervos junto a las pistas, al atardecer, que primero observan curiosos la causa de los ruidos que perturban el sereno ambiente y después huyen a la carrera.

Es fácil descender al curso del Alagón desde Riomalo de Abajo, tal y como hicimos por uno de los ramales que parten de la pista que marca el recorrido; de hecho existe una zona desde la que se puede alcanzar el río y dar un paseo en barca hacia el embalse de Gabriel y Galán y hacia Granadilla, un bellísimo lugar, casi aislado sobre el pantano, cuyas murallas han cerrado desde la Edad Media el conjunto, dejando fuera sólo puentes y tapias, hoy anegados por las aguas; la expropiación de las casas y el abandono estuvieron a punto de acabar con el lugar, cuyo deterioro finalizó con la declaración de Conjunto Histórico y con un programa de rehabilitación que aún sigue en marcha y que ha devuelto la fisonomía a las murallas, a su torre-castillo y a parte de sus calles y casas.
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VALLE DEL LADRILLAR


El río Ladrillar antiguamente era también conocido como Riomalo, de ahí el nombre de las poblaciones de su cabeza y de su desembocadura; la causa no es otra que el poder destructivo de la lluvia, que por la verticalidad de los montes, lo estrecho del valle y el sustrato de pizarra, convertía las aguas en torrentes que arrastraban todo lo que encontraban a su paso, incluidas las frágiles viviendas hurdanas.


El recorrido realizado tocó, como hemos dicho, la desembocadura, quizás el único tramo de su curso que se permite una cierta amplitud; el resto es típico de Las Hurdes Altas, estrecho y angosto. Riomalo de Abajo, como aldea, esconde en su interior restos de arquitectura hurdana, estrechas calles, corrales y casas de piedra, algunas encaladas. Aguas arriba, aparecen Rebollosa, administrativamente de Salamanca, y Las Mestas, a la que se asoma la ruta desde la zona superior; los caminos que circulan por la Sierra del Cordón, que cierra por el sur el curso, dan una idea de cómo es la tradicional vegetación hurdana, sobre todo por el brezo, el madroño y la jara, omnipresentes; de hecho, el nombre de Hurdes dicen provenir de urz o urce, otro nombre del brezo; a pesar de todo los pinares de repoblación son ahora los que ofrecen la imagen más extendida de la región. También el Ladrillar da a conocer una de las tradicionales actividades hurdanas, la producción de miel; hay miles de colmenas distribuidas por el territorio hurdano, así que no extraña saber que uno de los productos más conocidos, dentro y fuera del país, es el Ciripolen, una bebida que inventó un vecino de Las Mestas que está hecha de miel, polen y hierbas aromáticas hurdanas.

A la altura de Las Mestas el Ladrillar recibe el agua del río de Las Batuecas. Viendo el paisaje montaraz se puede llegar a entender que desde la aparición de la obra de Lope de Vega se consideraran Las Hurdes como parte de ese terreno desconocido de Las Batuecas, habitado por seres extraordinarios, aunque eso no explique el olvido al que fue sometida la región durante tanto tiempo.

A medida que se remonta el curso del Ladrillar el río se entretiene en charcas y pozas que, dicen, llevaban oro antiguamente; parece ser que los albercanos, dueños durante siglos de la región, bajaban a lavar las aguas del río mucho tiempo atrás; cierto es que existen en Las Hurdes los minados, bocaminas que indican una antigua explotación de minerales. Las alquerías, que se agrupan en el Ayuntamiento de Ladrillar, son Las Mestas, Cabezo y Riomalo de Arriba, ésta última una auténtica reliquia de etnografía hurdana que, afortunadamente, está siendo rehabilitada con criterios tradicionales. Riomalo de Arriba se encuentra hundida en un paisaje brutal, cercada por altas montañas y regada por las aguas del Ladrillar, que nace por encima de la alquería, bajo el Pico Espinal.
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VALLE DEL HURDANO


El valle del Hurdano pertenece a Las Hurdes Altas; las aguas del río comienzan su andadura en las zonas más altas de la Sierra de la Canchera, siendo retenidas muy pronto en la presa de Majá-Robledo, de la que salen para sortear los incontables montes que cierran la deliciosa población de Huetre. En la zona se conoce como Río de los Casares a este tramo, hasta que el Malvellido se une a él y juntos corren ya valle abajo. Carretera arriba, allá donde asciende el asfalto hacia el Puerto de los Casares, están las poblaciones de Robledo y Carabusino, así como Casares de las Hurdes, todas ellas inverosímiles en cuanto a ubicación se refiere, pues se descuelgan en vertical de las laderas: y más abajo, Asegur, o La Segur que aquí dicen. Los paisajes de este tramo tienen la espectacularidad de los valles cerrados por altas montañas de toda la región, aunque cuentan con laderas llenas de bancales que otrora dieron forma a las múltiples imágenes que atestiguaron la dureza de una vida como lo fue la hurdana.

El río Hurdano recibe, como dijimos, al Malvellido en Nuñomoral, cabeza de municipio, punto en el que el valle se abre brevemente. Resulta curioso saber que, a pesar de la forzada soledad que vivieron durante siglos Las Hurdes, no se desechó la región para desterrar a diversos políticos y para depositar a hijos no deseados, esto último a cambio de unas cuantas monedas quizás; no hace falta remontarse muy lejos en el tiempo para saber que Las Hurdes siguieron siendo, durante más de la mitad del siglo XX, un lugar al que enviar políticos y eclesiásticos no deseados.

Desde Nuñomoral se accede a la Sierra del Cordón, como demuestra nuestra ruta, así como a la aldea de Aceitunilla; al frente, la Sierra de la Mula, o de la Múa, donde anida la cigüeña negra, y por debajo, La Batuequilla, uno de esos lugares mágicos que conservan Las Hurdes, pequeño, emitiendo todo el sabor de las alquerías tradicionales, incluso con las antiguas eras de trillar típicas de la zona.

Aguas abajo está El Rubiaco, otra pequeña alquería de la que parte una pista que accede a La Horcajada, un conjunto etnográfico que, desgraciadamente, se viene abajo por el abandono. El río Hurdano sigue su descenso y llega a Vegas de Coria, cruce de caminos en medio de la carretera que cruza la región. Desde Vegas el curso busca la pequeña población de Arrolobos y uno de los brazos del embalse de Gabriel y Galán, donde desemboca.
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VALLE DEL MALVELLIDO


Si las crónicas hablaron durante mucho tiempo de la inaccesibilidad de la tierra hurdana, siempre lo hicieron con insistencia del barranco que recorre el Malvellido, puesto que en él se encuentran las alquerías más remotas: El Gasco, Fragosa y Martilandrán. Sólo se puede llegar a ellas por una carretera que acaba en El Gasco y que asciende el curso del Malvellido, tocando primero la aldea de Cerezal. Enseguida el paisaje se sumerge en una inquietante sucesión de montañas que caen en vertical hasta el estrecho y profundo cauce del Malvellido, que se retuerce mientras intenta liberarse de la pizarra hurdana e incrementa su caudal con el agua de los chorros que se abren camino entre rocas desde las alturas de las sierras. Y si se puede hablar de bancales en Las Hurdes, es entre las angosturas de este río donde queda más patente aquella falta de tierra de la que hablaba Unamuno, la misma que ha forzado a los hurdanos, durante muchos siglos, a robarle a las montañas cada metro en el que plantar olivos y frutales o sembrar pequeños huertos.

Tanto Martilandrán como Fragosa, cuyo gráfico nombre explica convenientemente la angosta fisonomía de esta tierra, son alquerías que descuelgan sus caseríos en vertical y que conservan antiguas casas de pizarra; sobre Fragosa se levanta el Cottolengo, institución benéfica que lleva el nombre de un santo italiano y que hizo, y sigue haciendo, una gran labor asistencial. El asfalto muere en El Gasco, un remoto lugar de calles increíblemente estrechas, retorcidas y con escalones para salvar desniveles, que están flanqueadas por casitas de pizarra, las mismas que hoy reproduce un artesano del lugar en miniatura. Dos lugares naturales son los que visitamos en la zona, el llamado Volcán del Gasco, en realidad un meteorito según los estudios realizados, que es el monte que se eleva frente a la aldea y del que los habitantes han extraído siempre piedra para fabricar ciertos objetos; el otro es el Chorro de la Miacera, quizás el salto de agua más conocido de Las Hurdes, al que se llega siguiendo el curso del Malvellido, una vez salvado éste, y por una senda que rodea el Volcán y se adentra entre canchales en el monte. El paraje es de gran belleza, pues el arroyo de la Miacera, o de la Meancera, se despeña desde casi cien metros de altura pulverizando el agua al caer sobre una poza y buscando entre saltos más pequeños el curso del Malvellido.
El río nace entre rocas, por encima de El Gasco y bajo el Pico Solombrero, en la llamada Lancha del Malvellido y en plena Sierra de la Corredera.

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VALLE DEL ESPERABÁN

El río Esperabán nace en el puerto del mismo nombre, desde el que se obtienen unas magníficas panorámicas de la Sierra de Gata y de la llanura de Ciudad Rodrigo hacia uno de los lados. Las aguas descienden rápidamente a Aldehuela, tan remota como muchas de las alquerías ya citadas; entre magníficos meandros el Esperabán sigue su camino hacia Las Erías y El Castillo, entre madroños, castaños, nogales y pinos. La aldea de Las Erías emite la impresión de haber estado amurallada, de lo que buena prueba es el arco de su entrada; por otro lado, es también una gráfica muestra de edificación hurdana por lo que a balcones corridos y pasadizos altos se refiere.

Muchos son los grabados rupestres que se pueden ver en Las Hurdes, así como restos de castros celtas, de lo cual el Esperabán está bien surtido, como prueban los parajes de La Zambrana y del Tesito de los Cuchillos, próximos a El Castillo; muy cerca de El Castillo se encuentra también uno de los madroños más grandes de la región, convertido en árbol de varios metros de altura.

Aguas abajo de El Castillo se encuentra la desviación a Horcajo. Merece la pena detener los pasos en este lugar, a lo que ayuda la ruta, ya que esta alquería conserva casitas tradicionales y calles estrechas, en las que disfrutar de la compañía de algún amable vecino y compartir el espacio con los animales domésticos tradicionales de Las Hurdes, como lo son las cabras y los burros; además, la aldea es el punto de partida para acceder, a pie y tras un corto paseo, al paraje en el que se encuentran Los Corrales del Moral. Tras callejear en dirección a la sierra, una tapia de pizarra flanquea una senda que asciende brevemente y que acompaña al río de Horcajo. Más allá se descubre un bello paraje, algo más abierto pero encerrado entre montes, en el que los habitantes de la alquería levantaron unas cuantas majadas con pizarra negra; el sitio emite toda la abrumadora belleza de los rincones naturales de Las Hurdes, además de una lección práctica de arquitectura tradicional.
Volviendo al Esperabán, el curso sigue deslizándose hacia Robledo, al que se asoma el recorrido, y La Muela, hasta que vuelca sus aguas sobre el río de los Ángeles, junto a Pinofranqueado, tal y como comprobamos al asomarnos desde la pista a la última población citada.
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RÍO DE LOS ÁNGELES Y DEL OVEJUELA


Otro de los puntos más emblemáticos de la región hurdana es el nacimiento del río de los Ángeles. El mismo comienza su andadura despeñándose entre rocas en el llamado Manadero, o Chorro, en plena Sierra de los Ángeles. Para llegar allí es necesario ascender unos nueve kilómetros por una pista desde la carretera de Ovejuela, tal y como hace nuestra ruta. Arriba, antes de llegar a la cuerda de los montes existe un espectacular mirador que se asoma a los más de 100 metros de caída de agua y al montaraz paisaje de esta zona límite de Las Hurdes Bajas. Ascendimos a la cuerda de la sierra, por curiosidad, y tuvimos la oportunidad de contemplar la Sierra de Gata y de ver descender otro camino hacia los pueblecitos de Descargamaría y Robledillo de Gata.

El río de los Ángeles se desliza entre rocas, por parajes angostos, hacia una pequeña presa que retiene sus aguas antes de alcanzar la carretera de Ovejuela; sin embargo, previamente el río ha bañado los límites de las tierras que pertenecieron al antiguo Convento de los Ángeles, un cenobio franciscano del siglo XIII que tuvo gran influencia espiritual en la región y del que quedan en pie algunos restos, pues la Desamortización forzó su abandono. Muy cerca del convento, sobre el río de los Ángeles, queda en pie un bellísimo puente al que llegamos por una pista que también rodeaba el citado convento.
El río de los Ángeles cruza la carretera y recibe el caudal del río de Ovejuela en el bello paraje de Entrambasguas, donde hay un refugio de pescadores; después el curso se desliza entre montes hacia Sauceda y Pinofranqueado, donde permite la existencia de una piscina natural, y sigue su camino hasta confluir con el Alagón en el embalse de Gabriel y Galán, en el término de La Pesga, después de haber recibido las aguas del Esperabán y del Alavea.

No podemos dejar de hablar de un bello salto de agua que provoca el río de Ovejuela; para llegar a él hay que seguir la carretera hasta la población de Ovejuela y, a pie desde el cementerio, seguir una senda marcada con flechas blancas. Después de un paseo, la senda y el rocoso cauce se unen hasta que, de pronto, aparece una bella cascada que se desliza entre las paredes que cierran el espacio; las aguas saltan a una deliciosa poza y después buscan el descenso al valle. Dicho salto es conocido como el Chorrituero y es el origen del río.